En la sala de un consultorio veterinario se encuentran dos perros:
Un hermoso pastor alemán y un doberman, igualmente grande y bello....
El pastor le pregunta al doberman:
Por qué estás aquí?
Bueno, a mí me van a sacrificar...
Ah, caray! ¿Y por qué?
Bueno, el caso es que le mordí la manita a la bebita de mi dueño.
Oye, ese no es motivo... ¿no te pueden perdonar?
Lo que pasa es que la bebita tiene tres meses y casi le arranqué la mano.
¡No chingues! ¿Por qué hiciste eso?
No sé, simplemente sentí ganas de hacerlo...
Pero dime, ¿por qué estás tú aquí?
Bueno, lo mío fue también cuestión de ganas....
Me estaba bañando con mi dueño, él se agachó para recoger el jabón y no me aguanté las ganas... me fui por detrás, lo sujeté con mis patas y me lo atoré.
¡¡Aaaaaay, no maaaaaaaames, cabrón!! ¡¡Segurito que a ti también te van a sacrificar!!
Nooop! a mí solo me van a cortar las uñitas.
Sube una monja a un taxi en medio de la noche oscura.
El taxista durante todo el camino se le queda mirando por el espejo y cuando ella se da cuenta, le pregunta:
- Hijo... ¿Qué es lo que ves? -
Perdón madre, me da mucha pena decírselo, yo no quisiera ofenderla.
- Pero, hijo mío, en mi vida yo he visto muchas cosas y no creo que puedas decirme algo que me pueda ofender.
- Bueno, es que toda mi vida he tenido la fantasía de que una monja me haga sexo oral. La monja se queda sin habla y luego dice:
- Pues... no lo sé, en primer lugar tendrías que ser católico y además tendrías que ser soltero. A lo que el taxista responde emocionado:
-¡Sí, yo soy católico y soy soltero!
La monja se queda sin argumentos y acepta la propuesta del taxista . Este se mete a un callejón y la monja le cumple su deseo. Cuando han terminado, el taxista empieza a llorar y pregunta la monja:
- Hijo, ¿qué te pasa? ¿por qué lloras?
- ¡Perdóneme madre, he pecado! Soy judío y estoy casado.
- No te preocupes, yo soy gay, me llamo Arturo y voy a una fiesta de Halloween.